
La historia que la cinta nos cuenta es la de Favraux, un banquero oscuro y vengativo sin el más mínimo escrúpulo, que al negarse a ceder a los requerimientos de un tal Judex -quien le exige que devuelva su fortuna a los legítimos propietarios de la misma- es secuestrado por el mismo después de que todos sus allegados crean que ha fallecido. A partir de ese instante, la hija de Favraux se convertirá en la nueva propietaria del banco aunque su buen corazón propiciará que Judex caiga enamorado de ella, involucrándose en una trama en la que aparecerán unos hermanos misteriosos y un detective inepto. En resumen, piltrafillas, Judex es un compendio de argumento novelesco, trampas de guion inverosímiles, amor, muertes trágicas, un humor que en ocasiones no era buscado, futurismo –esa guarida ¡con circuito cerrado de televisión!-, imágenes de gran fortaleza visual como la de la monja tirada en la carretera con esa cruz que evoca la daga que utiliza –puro fetichismo-, la pelea entre el bien y el mal en el tejado –uno de blanco y otro de negro- y algunas escenas inolvidables como la del baile de máscaras plumíferas. Ah, amiguitos, y música del gran Maurice Jarre. No os la podéis perder.




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